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Las realidades impostadas de Philip K. Dick

¿Qué es la realidad? Menuda pregunta para empezar; y me aventuro a decir que no tiene una fácil respuesta. Sin embargo, como idea intuitiva me atrevería a decir que la realidad es aquello que existe, enfrentándolo a aquello que consideramos ficticio, ilusorio o aparente. Pero ¿acaso lo ficticio, ilusorio o aparente no forma parte, en cierto modo, de la realidad?
Un autor que se plantea esta cuestión en más de una de sus obras es Philip K. Dick, por ejemplo, en ¿Sueñan los androides con orejas eléctricas? en la que está basada la película Blade Runner y también la reciente secuela Blade Runner 2049.


Para muchos de nosotros, el primer acercamiento a este universo de Dick fue a través de la primera película, por lo que cuando uno lee el libro ya va con ciertas ideas preconcebidas, lo que podría desvirtuar un poco el mensaje que el autor probablemente quería mostrarnos en su historia (sin quitar un ápice de mérito a ambas películas que me parecen muy buenas).

Distinguir lo real de lo irreal

Uno puede quedarse en la superficie y ver en el libro la historia de un cazarecompensas o cazador de bonificaciones, como se le llama en el libro, que debe matar (retirar) a seis androides fuera de la ley. Si no vamos más allá, estamos ante un libro de acción quizá con poco que aportar al género, pero es que no es esa la intención de Dick, que es un maestro jugando con los límites de lo real y lo irreal. El protagonista, Rick Deckard, a la sazón, experto "retirador" de androides, vive en un mundo post guerra nuclear que está degenerando a gran velocidad. Todo el que puede emigra hacia otros planetas del sistema solar (porque si eres un "especial", con las capacidades disminuidas, o estéril debido a la radiación no puedes). La acción de la novela comienza cuando Rick es requerido para retirar a seis androides del tipo NEXUS-6, con una capacidad e inteligencia casi indistinguible de la de los humanos. Por lo tanto, el primer reto del protagonista es poder discernir si el ser al que va a matar es un androide o un humano. Para ello Rick Deckard utiliza el Test Voight-Kampff para distinguir a humanos reales de androides (humanos irreales). El test mide la empatía del sujeto, y dado que los androides carecen de ella, el test puede develar su auténtica naturaleza. Pienso que Dick utiliza este test de forma simbólica para presentarnos esa dualidad de lo auténtico y lo impostado conviviendo en una realidad común. 

Emociones impostadas

Incluso las emociones pueden ser manipuladas gracias un aparato llamado Órgano de ánimos Penfield. El mecanismo permite inducir emociones en sus usuarios marcando el código de la emoción deseada en una rueda como la de los teléfono antiguos. En el libro vemos que Rick y su esposa lo utilizan constantemente. Por ejemplo, Rick lo usa para afrontar positivamente la jornada de trabajo que le espera y curiosamente su mujer lo utiliza, en algunas ocasiones, para estar deprimida, quizá para que sus emociones estén acorde con la realidad en la que habita. De nuevo el autor introduce un mecanismo capaz de modificar, de alguna manera, la realidad de los habitantes de esa tierra en decadencia en la que viven. 

El estatus social como forma de irrealidad

En un mundo donde los animales casi se han extinguido, tener uno es un indicador de estatus social. Sin embargo, los animales tienen precios prohibitivos, por lo que algunos acaban comprando réplicas artificiales; animales mecánicos casi indistinguibles de los reales. Obviamente, poseer un animal auténtico es un indicador de mayor éxito. Así que, de nuevo, lo real y lo irreal también sirven como indicador de éxito social. Lo vemos claramente en la superlativa importancia que da Deckard a tener un animal real, en lugar de uno artificial, llegando al punto de que en el libro se deja ver cómo Rick da más importancia a una cabra que ha comprado, dando como entrada todo el dinero que ha ganado retirando a los seis androides y endeudándose, que a su propia esposa. Sin embargo, esto que ocurre en la novela no nos es totalmente ajeno. Hoy muchos se endeudan por encima de sus posibilidades económicas para conducir un coche de alta gama que le haga aparentar un alto estatus social. Tampoco faltan ejemplos de personas que crean una irrealidad de felicidad en las redes sociales. Se trata pues, otra vez, de la necesidad del individuo por impostar su realidad de cara al entorno.  

Realidades fabricadas

El Mercerismo es la filosofía o religión imperante en la Tierra. Es una filosofía basada en la supuesta historia de Wilbur Mercer, que vivió en la Tierra antes de la guerra nuclear. Wilbur trata de subir una empinada montaña tratando de redimir al mundo y sacarlo de su creciente decadencia mientras sus adversarios le tiran piedras en su ascenso. Vemos claramente la similitud con Jesucristo portando su cruz hasta el calvario y siendo insultado y maltratado mientras sigue el camino. Cuando Wilbur llega a la cima, cual Sísifo, debe volver a comenzar de nuevo la subida. Los seguidores del Mercerismo utilizan un aparato electrónico llamado caja de empatía, que permite que todos los que la están usando en ese instante compartan sus emociones, además de sentir el sufrimiento de Mercer durante la ascensión, sufriendo incluso las heridas provocadas por las piedras que le son arrojadas.
De otro lado, El show del amigo Buster es un programa de televisión que se emite durante 23 horas al día, y es el que todo el mundo ve. Tiene muchísima influencia en la población, y se posiciona en contra del Mercerismo. El amigo Buster llega a presentar pruebas de que el Mercerismo es falso y que Wilbur Mercer no es más que un actor borracho. Encontramos, pues, una dicotomía de realidades enfrentadas que, curiosamente, tampoco son reales ya que el Mercerismo requiere de una máquina, la caja de empatía, y el propio amigo Buster es con toda seguridad un androide, lo que explica que pueda hacer un programa que se emite 23 horas al día.

En conclusión, Philip K. Dick juega, como en otras tantas de sus novelas con la realidad. Por ejemplo, en El hombre en el castillo no sólo da la vuelta a la realidad creando una ucronía, sino que al final del libro nos hace dudar de cuál de las dos realidades es la auténtica y cuál la impostada dentro de la propia historia. Y este juego de realidades es, quizás, el propósito último de la ciencia ficción, en la que Philip k. Dick es, sin duda, uno de los grandes maestros. 

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