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Literatura y sexo iniciático

Debo reconocer, antes de seguir, que no soy un asiduo a la literatura erótica. Debido quizá a que no he sido convenientemente iniciado (literariamente hablando). Casi todo lo que he leído, salvo honrosas excepciones, acaba siendo el mismo cliché repetido y los mismos tópicos reciclados. No es una crítica, yo mismo caigo en ellos cuando intento escribir una escena algo subida de tono, y es que no es una tarea fácil mantener la temperatura alta sin pasar los límites del erotismo a lo puramente pornográfico. Así pues, más que en la literatura erótica, voy a centrarme en un aspecto concreto que ha sido abordado desde diferentes enfoques; me refiero al sexo iniciático en la literatura. He escogido cuatro obras que, por un lado me parece que tienen un buen nivel literario, y por otro, que abordan el tema de la iniciación al sexo desde puntos de vista diferentes. Me refiero a Lolita de Nabokov, Las lecciones peligrosas de Alissa Nutting, Filosofía en el tocador del Marqués de Sade y Cruel Zelanda de Jacques Serguine.

Cruel Zelanda

Lolita

En mi opinión, Lolita no es una novela erótica al uso, a pesar de que en algunos momentos Nabokov eleva la temperatura. Sin embargo Lolita atrapa por la profundidad de los personajes y por la tormentosa trama. La relación entre un personaje maduro con otro joven ha sido tratada por la literatura en innumerables ocasiones. Sin salir de la literatura patria y por poner un ejemplo cercano, Lorenzo Silva lo hace estupendamente en La flaqueza del bolchevique. También recordamos la novela de Charles Webb, El graduado, donde el chico es el que acaba en los brazos de una mujer mayor que él. Dejando a un lado la moralidad del asunto, y quedándonos en lo puramente literario, que es lo que concierne a este blog, vamos a empezar por Lolita.
La novela de Nabokov nos cuenta la historia de Humbert Humbert y Dolores Haze, una niña de doce años sobre la que recaen de forma obsesiva los deseos carnales del protagonista. A Humbert le viene la obsesión por las nínfulas a partir de un trauma juvenil en el que falleció la chica de la que estaba enamorado. De una forma u otra, Humbert ve en Lolita a aquel amor primerizo. Obviando lo obsesivo y lo febril de la relación que ambos entablan, es obvio que Humbert acaba enamorándose completamente de ella, llegando incluso a matar por el amor de Lolita.
Todo empieza cuando el protagonista alquila una habitación en casa de la viuda Charlotte Haze, en la que vive sola con su hija Dolores. Humbert se enamora de la niña y a su vez, esta también comienza un juego de coqueteos e insinuaciones con él. Para complicar un poco más el argumento, Charlotte se acaba enamorando de Humbert y este accede a casarse con ella sólo para seguir cerca de Lolita. Cuando la madre muere en un accidente, justo tras haber descubierto la incestuosa complicidad entre Lolita y su padrastro, éste queda al cargo de la niña. Ambos emprenden un viaje que durará más de un año, en los que ambos vagan de hotel en hotel. Mientras tanto él no deja de agasajarla cediendo a todos sus caprichos con el fin de conseguir que ella siga manteniendo relaciones sexuales con él.
Pronto llegan los problemas emocionales entre ambos y, tras una enfermedad, Lolita escapa con otro hombre mayor. Humbert la buscará durante bastante tiempo sin saber con quién se fugó. No es hasta algunos años después cuando Humbert vuelve a tener noticias de Lolita. Sin querer desvelar el final exacto os diré que todo termina (o empieza, según se mire) con Humbert siendo juzgado por un crimen.
Tan tortuosa es, pues, la trama como la relación de ambos. A pesar de que Humbert es el adulto, no siempre está claro que sea el que lleva las riendas de la relación. De hecho Lolita sabe sacar provecho de lo que, en definitiva, es una situación desdichada para ella. Descubrimos a una Lolita que en el fondo no es tan inocente y débil como Humbert pensaba, todo lo contrario. Es capaz de mostrar una fortaleza y un dominio de la situación que supera con creces los que se espera de una niña de su edad.

Las lecciones peligrosas

La novela de Alissa Nutting es, de alguna manera, la historia de Lolita pero al revés. Hay similitudes con la novela de Nabokov, pero en este caso, se nos cuenta la historia de una profesora de secundaria llamada Celeste Price, de 26 años, obsesionada por mantener relaciones sexuales con sus alumnos. Al igual que Humbert, que buscaba una tipo especial de niña a las que él llama nínfulas, Celeste busca chicos que aún no se han desarrollado, es decir, efebos. Pero hasta ahí llega el parecido. Las motivaciones de Humbert y Celeste son muy diferentes. Humbert está enamorado de Lolita; Celeste tiene una necesidad más bien perversa y puramente lasciva. Rayando la patología sexual.
Aunque Celeste esta casada, y desde fuera podría parecer una pareja perfecta, a ella le aburre el sexo con su marido y prefiere entregarse a la masturbación a practicar sexo con él. Cuando comienza el curso en un nuevo colegio empieza a fantasear con acostarse con sus alumnos, cosa que lleva a la práctica con Jack, un chico algo enclenque y aniñado que encaja perfectamente en sus gustos sexuales. Al principio los encuentros se producen en su coche, pero finamente acaban teniendo relaciones en casa del propio Jack aprovechando que su padre trabaja todo el día.
En esta novela, el componente erótico es mucho más alto que en Lolita. Celeste es una persona que podríamos calificar de depravada y que no duda en aprovecharse e incluso pervertir a un adolescente sólo para usarlo sexualmente. A pesar de que Celeste es egoísta y va a lo suyo en todo momento sin pensar en el daño que pueda hacer a otros (por otro lado, fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos), Alissa consigue con empaticemos con ella, y de paso también consigue elevarnos la temperatura con sus magistrales descripciones de los lascivos encuentros entre Celeste y Jack, plagadas de todo tipo de prácticas sexuales. Algunas veces incluso pueden llega a incomodar a ciertos lectores, pero ¿no va de eso la literatura?
El final de la novela es conocido, ya que se basa en un hecho real que tuvo bastante repercusión mediática. Ella finamente acaba entrando en prisión, y nos hace plantearnos alguna preguntas sobre la propia moralidad. En cierto modo, Celeste quizá no sea más que el síntoma de la época que vivimos, donde el corrupto es el listo y el honrado el tonto, donde la juventud es la virtud suprema, donde consumir es un mandato divino y donde lo mío está por delante de lo de todos los demás. En definitiva, nuestra sociedad.

Cruel Zelanda

La primera frase de este libro es ya toda una declaración de intenciones: "La forma más corriente de felicidad consiste en ignorar que no se es feliz". Stella, casada con Frank, un oficial de la reina, en la época victoriana, viaja a las islas neocelandesas. La vida con su marido es aburrida como ella misma expresa, pero todo está a punto de cambiar.
Cuando es raptada por una tribu de erotómanos entregados a una vida sexual que está en el mismo centro de su cultura, el choque entre su vida dentro de la sociedad victoriana con su recatada moral, y el encuentro con la tribu, donde el primer día es violada por un grupo de niños, es un autentico shock para ella. En la tribu todo el mundo va desnudo, la práctica sexual es habitual incluso entre niños y no manejan el concepto de la intimidad, por lo que se dan al acto sexual en cualquier parte y habitualmente en grupo. La tribu se esmera en incorporar a Stella dentro de su seno y para ello recurren incluso a azotar sus nalgas como parte del juego erótico.
Por supuesto, ella acaba entregándose a la tribu y a sus juegos. Para Stella será una auténtica iniciación sexual, ya que, aunque había mantenido relaciones con su marido, nunca había disfrutado de ellas, por lo que en realidad es como si fuera, de alguna manera, virgen cuando llega a la aldea. Poco a poco descubre su propio cuerpo a través de la sexualidad; un cuerpo que hasta entonces desconocía. Aprende y acepta el propio placer que hasta entonces se había negado a sí misma. Descubre que su marido, y por extensión los hombres del mundo en el que vivía, también desconocen el cuerpo de la mujer y de paso su psique. En definitiva, se desprende de sus ataduras morales, desinhibiéndose y abriéndose a placeres para ella desconocidos.
A pesar de que pueda parecer todo lo contrario, pienso que esta novela es una reivindicación de la libertad sexual de la mujer, constreñida históricamente por una sociedad dominada por el hombre y sus propias necesidades. Tras ser rescatada, Stella ya nunca será la misma, Stella será a partir de entonces más consciente de su libertad, no sólo sexual, en la opresiva sociedad victoriana.

Filosofía en el tocador

Este libro fue escrito por el marqués de Sade desde la cárcel, en plena ola de decapitaciones durante la revolución francesa; publicado en 1795. Sade estuvo en la lista de presos a ser decapitados, pero aunque finalmente no sucedió, sí que pasó trece años preso, observando a diario el espectáculo de la guillotina. Es preciso situar el contexto en el que está escrito el libro porque no es una obra del gusto de todos. A partir de siete diálogos Sade nos muestra en todo su esplendor una filosofía de la vida y sobre todo en lo relacionado con el sexo. Una filosofía muy peculiar que nos muestra a un Sade desbocado, sin censura, sin rubor, debido quizá a la certidumbre de una muerte cercana. Toda una defensa del libertinaje.
El libro nos cuenta como los personajes Dolmancé, la señora Saint-Ange y su hermano al que el autor se refiere como El caballero, tratan de iniciar a Eugenia en el libertinaje sexual. Para ello se valen de una filosofía vital muy particular que trata de desvirtuar a la propia virtud y ensalzar la perversión; como digo, puede resultar incluso duro en algunos pasajes.
Durante sesiones de instrucción, se mezclan las prácticas sexuales con la teoría, que poco dejan a la imaginación. Inician a Eugenia en todas las variantes sexuales habidas y por haber descritas con toda clase de detalles. Incluidas las relaciones sadomasoquistas un nivel que harían ruborizar a la E.L. James más atrevida. El nivel erótico es bastante alto y totalmente desinhibido, pasando por todas las clase de prácticas sexuales imaginables. De resultas que Eugenia acaba siendo una alumna aventajada y muy receptiva.
Para conseguir el efecto que buscan en la pupila y que acabe abrazando el libertinaje como filosofía de vida, sus instructores deben desactivar todo aquello que de virtud pueda tener Eugenia a sus quince años, así que Sade se esmera en exponer, a través de sus personajes, una filosofía contra Dios, contra la caridad y contra las buenas acciones en general; dejándonos entrever un fondo misógino. En sus lecciones se hace apología del incesto (la primera relación de Saint-Ange fue con su propio hermano), la infidelidad, la prostitución, la pedofilia y, en definitiva, el libertinaje frente a la libertad. Dolmencé llega a justificar el crimen, incluso el que atenta contra la vida humana: "Siendo la destrucción una de las primeras leyes de la Naturaleza, nada de lo que destruye podría ser un crimen". La señora Saint-Ange aboga por el derecho de una madre a matar a su propio hijo, incluso ya nacido. Eugenia, muy entregada a aprender de sus maestros acaba afirmando que "La extinción total de la raza humana sólo sería un servicio hecho a la Naturaleza" y llega a la conclusión de que "Hay pocos crímenes sobre la Tierra, y que podemos entregarnos en paz a todos nuestros deseos, por singulares que puedan parecer...". Tal es el grado de asumpción de los preceptos de sus tutores que la chica acaba incluso torturando cruelmente hasta la muerte a su propia madre.
Desde el punto de vista que nos ocupa, Sade nos cuenta, pues, la historia de la corrupción de una niña-mujer de quince años. Saint-Ange lo deja claro cuando dice: "Ten por seguro que no ahorraré nada para pervertirla, para degradarla, para echar por tierra en ella todos los falsos principios de moral con que hayan podido aturdirla; en dos lecciones quiero volverla tan malvada como yo... tan impía... tan corrompida". Hay otros mensajes políticos en la obra, pero no vienen al caso en este artículo.
Cabe preguntarse si esta filosofía vital que se nos muestra en la obra coincide con la del autor. Como no soy un experto en Sade prefiero quedarme con las palabras de Juan Francisco Ferré en su ensayo Mímesis y simulacro, con las que nos recuerda que "Sade no es un filósofo, ni un tratadista político, ni un agitador social, ni mucho menos un pedagogo o un moralista [...] Sade es antes que nada un novelista".

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